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Rumbo hacia una economía circular y social para preservar nuestro medioambiente y tener un impacto social positivo.

Durante la COP24 en Katowice-Polonia, la ONU otorgó el premio “Impulso para el Cambio 2018” al proyecto de las Biofactorias de Santiago de Chile; por ser una solución concreta frente al cambio climático. Mas allá de impulsar un cambio de paradigma hacia una economía más circular y resiliente, este proyecto promueve el dialogo con las comunidades con el objetivo de tener un impacto social positivo.
Dos ejemplos de una solidaridad que da frutos; emprendedoras de El Trebal surgen gracias al apoyo de SUEZ y sus empresas asociadas.

Sandra y Jacqueline tienen mucho en común. Viven en la misma calle en la localidad de El Trebal, muy cerca del complejo Mapocho – Trebal, donde se emplazan las Biofactorías del gran Santiago, en las que se tratan las aguas servidas de la ciudad y se produce energía a partir de los desechos.

Ambas son madres, han tenido una vida de esfuerzo y lograron superar sus temores para convertirse en emprendedoras. Ellas fueron parte del curso que hace tres años Aguas Andinas realizó en la planta para capacitar a 19 vecinos del sector, con el propósito de entregarles herramientas que los ayudaran a surgir. Las dos terminaron con éxito esa capacitación, y en noviembre de 2015 se atrevieron a dar el paso final para convertirse formalmente en microempresarias.

En Chile, el 61,3% de los microempresarios son hombres y sólo el 38,7% son mujeres.  Teniendo en cuenta esta realidad, y como una forma de apoyar a las mujeres que se atreven, SUEZ y sus empresas asociadas las incluyeron como proveedoras estables, lo que ha permitido que Sandra sea la fabricante oficial de la ropa de los trabajadores de las plantas Mapocho - Trebal, y Jacqueline la dueña de la lavandería que mantiene esa ropa impecable.

Los invitamos a conocer sus historias de éxito y superación.


Sandra Miranda sonríe entre costuras

“Estoy feliz de ayudar a mi marido económicamente. Él lo hizo tantos años todo solo, que me hace feliz apoyarlo ahora”, comenta Sandra Miranda con una sonrisa genuina en su rostro, mientras presenta su taller de costura en su casa de El Trebal, comuna de Padre Hurtado, en la zona rural de la Región Metropolitana de Chile.

La misma comuna donde hace 48 años nació, conoció a su marido y crió a sus dos hijos que hoy tienen 27 y 20 años, y la misma calle en la que vive su madre. A veces se traslada a Santiago a hacer trámites, pero trata de volver temprano para cumplir con sus quehaceres domésticos y laborales. No le gusta atrasarse.

Todo en Sandra es dulzura y orden, desde su sonrisa, su pelo perfecto, con corte recto y chasquilla en línea, su figura delgada y bien mantenida, sus manos, también su forma de hablar y el cómo distribuye su día y sus comidas. Así también -con organización- trabaja en su taller de costura donde corta, cose y borda las poleras que usan a diario los más de los más de 232 trabajadores y trabajadoras de Edam, una empresa del grupo SUEZ.  



La lavandería de Jacqueline Barrueto

 

Es campo, con calles de tierra, perros que corren a sus anchas, cielo azul y una calma que no existe en la ciudad. En la puerta de su casa está Jacqueline Barrueto, mujer madre de tres hijos, separada, y que hoy tiene su propia microempresa de lavandería.  Ahí, en su hogar, lava más de 400 uniformes semanales para los trabajadores y trabajadoras de SUEZ, Edam, Río Negro y Aramark, todos operarios que trabajan en las plantas de tratamiento de aguas servidas Mapocho Trebal y La Farfana.

“Miren esta camioneta”, dice mostrando un reluciente furgón rojo marca Fiat, que es conducido por su pareja. “Esta camioneta es de la lavandería”, comenta con una sonrisa de orgullo.  Ella ahorró durante muchos meses y fue juntando el dinero que le permitió comprar este vehículo con el que recoge y despacha sin contratiempos los uniformes de trabajo.

Para hacer su trabajo la ayudan su pareja y sus tres hijos (Óscar y Ricardo que trabajan por turnos en la planta Mapocho Trebal, y Natalia, una adolescente que egresó este año del colegio). Todos son parte de este negocio familiar que les permite planificar, independizarse e incluso pensar en nuevas inversiones futuras, como una plancha industrial, pavimentar y techar la entrada de la casa para no descargar en el barro durante el invierno, o techar una parte del  terreno para secar la ropa en colgaderos a la sombra.